Mons. Azpiroz Costa tomó posesión y ordenó tres sacerdotes para Bahía Blanca

(AICA – agosto 2017).- Con una celebración efectuada el sábado 29 de julio en la parroquia María Auxiliadora, de Punta Alta, monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP recibió el báculo y el traspaso de la sede episcopal de Bahía Blanca de manos de monseñor Guillermo José Garlatti y ordenó sacerdotes a los diáconos Fabio Nicolás Oller, Mariano Fabián Fritz y Pablo Nicolás Lobos.

En su homilía, el arzobispo se dirigió a cada uno de los neopresbíteros, mencionando el lema que eligieron para su ordenación. Para empezar, citó la frase escogida por Pablo Nicolás Lobos: “Yo, Señor, soy tu servidor”. Al respecto, destacó “lo concreto, la sencillez, la pequeñez que se ha ido desplegando en tu vida a lo largo del camino vocacional”.

La tentación, advirtió monseñor Azpiroz Costa, “es privatizar el llamado del Señor y la presencia del Señor. Privatizar el envío mismo”, y lo llamó a no olvidarse del Evangelio de Jesucristo: que el “aquí estoy” no olvide el “para hacer tu voluntad”, porque se convierte “simplemente en un recurso a la autorreferencialidad”. En ese sentido, el prelado recordó que “nada en la Iglesia se resuelve por punición o promoción”.

En el marco de la fiesta de Santa Marta, el arzobispo mencionó la experiencia “terrible” que tuvo Marta “por olvidar que tenía en frente a Jesús mismo”, con un recurso, según el pastor de Bahía Blanca, “muy presbiteral y muy episcopal”: Acusa a su hermana, interrumpe el diálogo de Jesús con su hermana, y la casa, en lugar de convertirse en una escuela donde se escucha la Palabra, pretende convertirse en un restaurant donde no alcanza el tiempo para servir la mesa.

El prelado señaló que los sacerdotes están llamados a ser buenos pastores: “Ay de ustedes y de nosotros si nos convertimos en ladrones, que roban y matan, en extraños que maltratan a las ovejas y son los primeros que huyen como ratas por tirante para salvarse, o en asalariados que también abandonan en cuanto la cosa se pone peligrosa. El buen pastor arriesga, conoce y da la vida. El buen pastor sabe descubrir algo más en el servicio, la certeza de haber sido llamado, la constatación de un camino vocacional”, advirtió.

Dirigiéndose a Mariano Fabián Fritz, el arzobispo citó su lema presbiteral: “Mi corazón sabe que dijiste ‘busquen mi rostro’”, y recordó las palabras de San Pablo: “En Cristo se ve manifestado el rostro glorioso de Dios, el del Creador”, aquel que apenas se animaba Moisés a decir “muéstrame tu rostro”, aquel que David alcanzaba a expresar: “tu rostro buscaré Señor, no me ocultes tu rostro”.

San Pablo nos consuela, afirmó el prelado: “Predicamos a Cristo Jesús, no a nosotros mismos. Somos servidores por amor a ustedes. Dios hizo brillar en Jesús su luz, la luz en nuestros corazones para que resplandezca el brillo de la gloria de Dios, reflejada en el rostro de Cristo”.

“También los discípulos de Emaús estaban con Jesús y no se daban cuenta. María Magdalena estaba frente a Jesús y no se daba cuenta. No les basta ver el rostro: la tristeza, el ensimismamiento, les impedía ver a Jesús. Y hay una acción a la que están llamados, no sólo el servicio sino a recorrer el camino del pan”, aseguró.

“Jesús tomó el pan como los ha tomado a ustedes, bendijo el pan como los ha bendecido a ustedes, ya con la consagración diaconal y ahora con la presbiteral. Lo partió; los romperá, para darlos primero los partirá, no con amputaciones sino con poda. Dios los poda para que den más fruto todavía”.

“Marta ama a Jesús, pero cuando llega retrasado y su hermano había muerto no ensaya sino aquello típico nuestro, presbíteros y diáconos; el reproche: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto”.

En referencia al lema elegido por Fabio: “Se llenaron de alegría cuando vieron al Señor”, monseñor Azpiroz Costa expresó: “Bastó su presencia para que la vida recomenzase. Se alegran, es la alegría del ministerio, un ministerio al servicio de la alegría. El Evangelio de hoy nos ha regalado uno de los episodios más bellos, la última aparición del resucitado según los relatos de los apóstoles”.

El prelado recordó que “es necesario abrazar la propia historia, y Jesús nos invita a hacerlo”, e indicó que Dios ha elegido de este mundo a los más generosos, “llamados a ir delante del rebaño para anunciar y enseñar; en medio para celebrar, santificar, sanar; y detrás para que ninguno se pierda: apacentar, gobernar”.

“Llamados con una marca que es para siempre, a ser mediadores, no intermediarios; intercesores, no burócratas; solidarios, no cómplices; puentes, no muros; servidores, no dueños del rebaño; cooperadores de los obispos, partícipes de su autoridad, configurados con Cristo sacerdote, representan a Cristo”.

“Sólo les pido para terminar, aquello que hoy mismo comenzarán a gustar, la oración sencilla de Salomón, elegido servidor: ‘Dame un corazón comprensivo para juzgar a su pueblo, que tú has elegido, para discernir el bien y el mal. Ese es mi tesoro. Esa es la perla de gran valor’”, manifestó.

“’El sacerdote continúa la obra de la redención en la tierra?’, se preguntaba el cura de Ars, y concluía: ‘Si se comprendiese bien al sacerdote en la tierra, se moriría no de pavor sino de amor’”.

Para terminar, monseñor Azpiroz Costa detalló que “el sacerdote que no tiene mucha lástima de los pecadores es medio sacerdote, decía el Santo Cura gaucho. Estos trapos benditos que llevo encima no son los que me hacen sacerdote. Si no llevo en mi pecho la caridad, ni a cristiano llego”.

Finalmente, agradeció especialmente a monseñor Garlatti, “de quien soy su sucesor, sabiendo que nadie reemplaza a nadie. Nos sucedemos unos a los otros. Ustedes sucederán a muchos sacerdotes y otros vendrán a sucederlos. Queridos amigos, ustedes son el futuro del presbiterio de Bahía Blanca, pero nosotros también somos su futuro”, concluyó.

Fray Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP (Buenos Aires, 30 de octubre de 1956) es un arzobispo dominico argentino. Es el octavo hijo de una familia de 14 hermanos, 13 varones y una mujer.

En 1978 conoció en la Universidad Católica Argentina (donde estudiaba Abogacía) a dos profesores, frailes de la Orden de Predicadores, a partir de ahí comenzó a dialogar acerca de sus inquietudes vocacionales. Realizó retiros espirituales en la comunidad de los Dominicos en Mar del Plata y con certeza confirmó su llamado a ser Dominico. El 1 de marzo de 1980 ingresó en la Orden.
El 8 de agosto de 1986 el cardenal Eduardo Francisco Pironio lo ordena diacono con 31 años de edad. Al año siguiente, el mismo Cardenal Eduardo Francisco Pironio lo ordena sacerdote en la vigilia de la Asunción de la Virgen María.

En el año 2001 (hasta el 2010) fue elegido Maestro de la Orden de Predicadores en el Capítulo General Electivo que dicha orden llevó a cabo en Rhode Island (EUA), convirtiéndose en el 85° sucesor de Santo Domingo de Guzmán. Es además el primer clérigo no europeo en ocupar dicho puesto después de más de 300 años.

En noviembre de 2015, el Papa Francisco lo nombra arzobispo coadjutor de Bahía Blanca.

Es doctor en Derecho Canónico por el Angelicum.