Petróleo, agua y tierras vírgenes: el tesoro “maldito” de Sudán del Sur

(Vatican Insider – julio 2017).-  La visita del Papa quedó sin fecha fija, debido a todos los peligros en una crisis que empeora cada vez más. Sudán del Sur vive un periodo complejo y terrible: una guerra civil desastrosa, millones de prófugos, poblaciones extenuadas. ¿Quién lo habría pensado? Todo comenzó en 2011 con la declaración de independencia, la separación del sur cristiano y animista con una minoría musulmana sin radicales, del norte árabe, cuna de un islam agresivo que consideraba África como un territorio de conquista, por lo menos en las intenciones de su líder, el autócrata Omar al Bashir. En 2011, el poder pasó a manos de Salva Kiir, presidente de etnia dinka, y del vicepresidente Riek Machar, de etnia nuer. Sin embargo, en explotó un nuevo conflicto entre ambos líderes y sus respectivos grupos étnicos; el vicepresidente Machar fue acusado de haber organizado un golpe de Estado. El poder en la actualidad está en manos de los grupos armados dinka del presidente Kiir, pero los rebeldes nuer dan batalla, aunque sean menos y cuenten con menos armas y patrocinio internacional (detrás de la guerra étnica de fachada se puede advertir la voluntad predatoria de algunos grupos de poder). Pero simplificando no se explica todo: ahora en el país hay por lo menos entre 7 y 8 grupos armados activos, los intereses de los países vecinos y de las grandes potencias del mundo favorecen el tráfico de armas y la guerra, aunque decenas de etnias y gran parte de la población no querían el conflicto. Entonces, ¿por qué se combate? Por el petróleo, naturalmente, pero también por el agua y por las tierras vírgenes que nunca han sido cultivadas (40 años de conflictos con breves periodos de relativa paz han contribuido para dejar casi intacto este tesoro).

Los recursos son la maldición de África, o por lo menos de algunos países, explicó a Vatican Insider el padre Daniele Moschetti, que durante seis años (hasta diciembre del año pasado) fue el Superior de los misioneros combonianos en Sudán del Sur. Además, cuenta con una larga experiencia en África (y no solo): pasó 11 años en Kenya, un año en Palestina y, dentro de pocos meses, con otros misioneros, comenzará a trabajar con otros misioneros en las Naciones Unidas, tratando de dar voz al sur del mundo. Según Amnistía Internacional, «en Sudán del Sur se está verificando una de las crisis humanitarias más graves de los últimos tiempos: hay casi un millón de desplazados en la región de Equatoria, mientras siguen sin castigo los asesinatos de civiles y los abusos contra mujeres y niñas». Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), «el número total de personas que han huido de Sudán del Sur hacia las regiones vecinas es de 1,6 millones. La nueva tasa de personas en fuga es alarmante y representa un peso difícil de sostener para una región que es considerablemente más pobre y cuyos recursos se están agotando rápidamente. Nadie, entre los países vecinos, es inmune. Los refugiados huyen hacia Sudán, Etiopía, Kenya, la República Democrática del Congo y la República Centroafricana. Casi la mitad de las personas que huyen ha llegado a Uganda, en las regiones septentrionales del país la situación ahora es crítica». Y también están los millones de desplazados internos, mientras gran parte de la población sufre el hambre.

Padre Moschetti, el marco del país es alarmante…

Hoy la situación es bastante catastrófica. Estamos a seis años exactos de la independencia y en Yuba (la capital, ndr.) no hubo celebraciones oficiales, como sucedía en el pasado; por otra parte, estamos frente a una desbandada de conjunto: hay un “crack” financiero muy grave, la banca central ya no tiene dólares, la inflación ha llegado al 900%; para comprender qué significa podemos comparar con Italia, en donde la inflación es del 1%. El valor del dinero local no tiene ningún peso, todo proviene del extranjero, todo lo que se come, lo que se usa. Debido a la guerra que comenzó el 15 de diciembre de 2013 y después de los enfrentamientos que se verificaron el año pasado en Yuba, en julio, justamente hace un año, más han abandonado el país: embajadas, organizaciones no gubernamentales, voluntarios…

Pero ahora hay organismos internacionales y misioneros, ¿no?

Muchas organizaciones se fueron después de los enfrentamientos de hace un año, aunque la mayor parte ha vuelto. Pero todavía tienen dificultades, porque el gobierno no logra garantizar la seguridad para los agentes humanitarios presentes, para los misioneros. Dicen: “Nosotros no garantizamos la seguridad de los operadores, de los misioneros”, porque después son atacados y asesinados. Y esto se da particularmente en zonas a las que están llevando comida y medicinas; por ello se aprovechan de esta situación para decir que no tienen posibilidades para proteger a nadie. Traducido significa: “No damos luz verde para llevar comida y agua a estas zonas porque falta la seguridad”. Se trata de una manera terrible para poner de rodillas las zonas en las que naturalmente están los rebeldes, pero también la población.

Aunque la guerra haya vuelto en 2013, el conflicto tiene raíces más antiguas…

Es un conflicto muy complejo. Hay que comenzar con la independencia de Sudán, en 1956. El país antes era una colonia inglesa. Desde aquella época había un grupo de sudsudaneses que podía independizarse del norte, pero los ingleses dejaron todo en manos del gobierno de Khartoum, que comenzó con el proceso de islamización. Como consecuencia, todos los misioneros, católicos y protestantes, fueron expulsados en 1964. Y justamente este proceso provocó la movilización de Estados Unidos. Sudán del Sur, el objetivo de alcanzar su independencia, siempre ha puesto de acuerdo a los republicanos con los demócratas en los Estados Unidos, que invirtieron miles de millones de dólares desde los 70 y 80 hasta ahora. Todas las administraciones estadounidenses han apoyado al SPLM (Sudan People’s Liberation Movement), es decir el ejército de rebeldes que luchaba contra Cashir, criminal internacional (que llegó al poder con un golpe de Estado en 1984, ndr.), pero nadie quiere capturarlo verdaderamente.

Entonces, el fundamentalismo islámico ha influido en esta historia…

En tiempos de George W. Bush, Sudán estaba en la “lista negra” de países, porque desde allí partió, entre otros, Osama Bin Laden. Él formó a los primeros grupos militares, terroristas, exactamente en Khartoum. Los primeros ataques ideados por Osama Bin Laden y llevados a cabo por al Qaeda no fueron contra las Torres Gemelas de Nueva York, sino en contra de las embajadas estadounidenses de Nairobi (Kenya) y de Dar Es Salaam (Tanzania), el 7 de agosto de 1998 (224 fueron las víctimas y hubo unos 4 mil heridos). El primer ataque, pues, fue en África, dentro del continente y no fuera de él. La respuesta fueron bombardeos estadounidenses en Khartoum. Entonces, Sudán siempre ha estado en la “lista negra” y está sometido a un embargo. La parte meridional del país, que forma parte del África negra (el norte es árabe, ndr.), es mitad cristiana. Después hay un 7-8% de musulmanes no fundamentalistas y el resto son animistas.

¿La independencia de Sudán del Sur tenía espectadores interesados?

Sí. Museveni, presidente de Uganda (que es un gran aliado de Estados Unidos), así como Kenya se vieron favorecidas por el proceso de independencia. Pero todos los países que tienen fronteras con Sudán del Sur tienen grandes intereses. El país cuenta con enormes recursos, no se trata solo de petróleo (en este momento es el tercer yacimiento de África), también hay agua y tierras vírgenes, porque el país vivió 40 años de guerra (de 1956 a 2005, entre Khartoum y los independentistas del Sur, ndr.), con intervalos por un total de diez años con relativa paz. Pero durante la década de los 70 surgió una especie de “fiebre del petróleo”. Era la época de la austeridad en Europa, del ahorro de combustible. Así, cuando la OPEP (los países árabes) dijo “Ya basta, ya no hay petróleo para ustedes”, comenzaron las grandes búsquedas de nuevos yacimientos, y se encontraron los de Sudán del Sur. Desde ese momento comenzó la segunda guerra interna. Era 1983. En general, podemos decir que, por una parte, estaban las grandes transnacionales europeas y estadounidenses que querían explotar los nuevos recursos; por otra, el gobierno de Khartoum que no quería deshacerse de lo que consideraba suyo. Al mismo tiempo, el gobierno sacaba la riqueza de las regiones meridionales para desarrollar el norte, pero sin hacer lo mismo con el sur, que quedó sin escuelas y en absoluta pobreza. Por ello comenzó la lucha por la independencia del sur, guiada por el SPLM, hasta los acuerdos firmados el 9 de enero de 2005 en Nairobi, cuando se eligió a un vicepresidente negro (y esta era una novedad importante) para todo Sudán: John Garang, fundador del SPLM, que en ese entonces no quería la separación del sur, al que, como sea, se le dio cierta autonomía.

Pero en 2011 Sudán se divide…

Hoy celebramos una independencia que el principal líder de Sudán del Sur, Garang, no quiso nunca; por el contrario, Salva Kiir y otros grupos militares apoyados por Estados Unidos siempre habían querido que el sur se separara del norte. De cualquier manera, la unidad del país era una vía para la islamización de África. Detrás de este conflicto hay un poco de todo: petróleo, agua, potencial desarrollo agrícola. Y después están todos los intereses de los países que lo rodean y que tienen menos recursos. Es como el Congo, que es el país más rico del mundo en cuanto a recursos, pero, desgraciadamente, es uno de los más pobres. Estas riquezas se convierten en maldiciones, no en bendiciones para el pueblo, sino para que se enriquezcan las élites. De hecho, todos los que ahora están en el poder son militares que han dejado el uniforme y guardan millones de dólares en sus cuentas de Estados Unidos, Inglaterra u otros sitios. Sus familias viven fuera del país.

Y ustedes, los misioneros, ¿logran todavía trabajar en el país?

Nosotros estamos en Sudán del Sur desde la época de Daniele Comboni, nuestro fundador, que llegó en 1858; nacimos en misión, y nos consideramos parte integral de esta historia, de este pueblo. Nunca nos hemos ido, solo cuando nos han expulsado, pero siempre hemos vuelto y hemos caminado junto a estos pueblos, pasando de la esclavitud, primero, a las guerras, el colonialismo, la islamización y ahora a los nuevos conflictos civiles y por el petróleo. Hemos perdido dos misiones en los últimos años, de 2013 a 2017, porque llegaban todos: los del gobierno, los rebeldes. Dos misiones importantes para nosotros, en las que hacíamos formación humana y espiritual, pero todo fue destruido debido a la lucha entre los del gobierno y los rebeldes. La gente escapó. Solo en Uganda hay un millón de prófugos, y muchos en la zona más fértil, en la provincia de Equatoria, en donde las etnias locales no querían la guerra de ninguna manera. Pero la presión del gobierno y de la etnia dinka, que ahora tiene el poder económico y militar, ha empeorado la situación. En Sudán todavía hay cientos de miles de prófugos, en Etiopía casi un millón, en Kenya alrededor de medio millón. En estos meses me encuentro en Italia y veo que se habla sobre la emergencia de los migrantes, cosa que me hace enojar y reír al mismo tiempo. Los países africanos se están haciendo cargo de millones de personas.

 ¿Cuáles potencias extranjeras tienen mayores intereses en Sudán del Sur?

Estadounidenses, ingleses, franceses, chinos, rusos y grandes multinacionales tienen intereses en Sudán del Sur. Se ha pedido 4 o 5 veces la introducción del embargo de las armas, pero países como Rusia o China están en contra y, directa o indirectamente, obstaculizan esta medida. Hay que tener en cuenta que el gobierno de Sudán del Sur en 2014 gastó mil millones de dólares en armas e hipotecó pozos de petróleo, que en este momento no han abierto todavía; están malbaratando el país para tener armas y aplastar la rebelión, no piensan para nada en el futuro ni en la gente. El Papa Francisco tenía que ir en octubre a Sudán del Sur, en compañía del arzobispo de Canterbury Justin Welby, primado anglicano, pero la visita quedó sin fecha por motivos de seguridad. Pero sería un viaje importantísimo, porque las Iglesias están haciendo un gran trabajo y son las únicas instituciones creíbles; la comunidad internacional primero le dio crédito al gobierno y después a los rebeldes. El único bastión son las Iglesias, que, entre otras cosas, hacen un gran trabajo de “lobbying advocacy” y de información, porque las partes en conflicto no quieren que se sepa lo que está sucediendo en el país, para poder seguir adelante con atrocidades nunca vistas, ni siquiera en el conflicto con los árabes (el conflicto por la independencia del norte costó millones de muertes). Se necesita que la comunidad internacional cobre una mayor conciencia. Ni siquiera los campos para refugiados están al seguro, ni siquiera los que cuentan con protección internacional, también allí han entrado soldados y han masacrado mujeres, ancianos y niños.